La intensión de dar termino definitivo a la pesca de arrastre en todas sus formas, ya sea de fondo como media agua, también ha generado propuestas alternativas, que demuestran el peso que hoy tiene la industria pesquera en nuestro país, y al mismo tiempo, la poca madurez política y moral ante un debate serio respecto de la implicancias por no resguardar los recursos pesqueros. 
Ese año el debate en torno al colapso de esta pesquería ya se había desencadenado. Informes científicos preveían que más temprano que tarde, el sistema de administración, basado en el control de las capturas por medio de cuotas, llevaría directo a la extinción de esta y otras especies de no tomar medidas que modificaran las reglas del juego que rige pesca en nuestro país.
Durante ese periodo, el ex senador DC por Aysén, José Ruiz de Giorgio , era, y sigue siendo, el principal critico al sistema de administración pesquera y aliado incondicional de los pescadores artesanales en el Congreso. Aprovechando su investidura como presidente de la comisión de pesca del senado, promovió el desarrollo de comisiones y sesiones especiales donde se entregaron datos, proporcionados por funcionarios de IFOP, en los cuales se podían apreciar los efectos que estaba teniendo sobre la pesquería de merluza común, y otros recursos de importancia comercial para la industria, el uso de artes de pesca de arrastre ligado a un sistema de asignación individual de las cuotas, como lo es el Sistema de Limites Máximos de Captura (LMC)

De esa manera la captura de merluza común registrada por Sernapesca el 2003, de 116 mil toneladas, cayó violentamente a 54 mil toneladas al año siguiente. Así mismo, el primer año, la biomasa estimada por el estudio hidroacustico desarrollado por IFOP es de 1.555 toneladas, pero el 2004 la cifra llegó a las 274 toneladas.
Los argumentos, esgrimidos por el Gobierno en ese momento, no eran disímiles a los vociferados hoy por la industria pesquera. La jibia, habría consumido un millón de ejemplares de acuerdo a los “fehacientes” datos del otrora subsecretario de pesca Felipe Sandoval.
Sin embargo, ese año, el 2005, científicos de basta trayectoria en el estudio de ese calamar, se reunían en Valparaíso, en el conclave de científicos dedicados al estudio de los ecosistemas marinos. Durante el XXV Congreso de Ciencias del Mar, Hugo Arancibia junto a su colega Sergio Neira reconocían que la jibia sólo pudo haber devorado 150 mil toneladas de este recurso, y no el millón que le endosaba el gobierno.
Hace algunos meses, el 2007, este científico reiteró su tesis. Arancibia, en una nueva investigación, financiada por el Fondo de Investigación Pesquera, se abocó a estudiar la interacción de este recurso y la merluza. Donde nuevamente reiteró que la tradicional “pescá” sólo ha sido devorada por el exceso de pesca. Dicho estudio fue presentado ante el Consejo Nacional de Pesca, sin embargo los representantes de
Las ollas comunes aún no eran organizadas por los pescadores de

Soluciones parciales.
La intensión de dar termino definitivo a la pesca de arrastre en todas sus formas, ya sea de fondo como media agua, también ha generado propuestas alternativas, que demuestran el peso que hoy tiene la industria pesquera en nuestro país, y al mismo tiempo, la poca madurez política y moral ante un debate serio respecto de la implicancias por no resguardar los recursos pesqueros.
Una de esas propuestas es la difundida la semana pasada por el senador Jorge Arancibia. El parlamentario aliancista propone una moratoria por cinco años a la pesca de arrastre en la pesquería de merluza común, para permitir la recuperación de este recurso. 
Es conocido que el principal problema de esta pesquería es la ausencia de especies adultas que permitan su recuperación en el lapso inmediato. Por el contrario, al sólo existir especies juveniles, se requiere de un tiempo superior a los cuatro años para que esta especie se reproduzca.
Si bien, en teoría, ambas iniciativas, la de Arancibia y la presentada en 2005, pueden tener buenos resultados, carecen de una perspectiva sistémica, limitando sus efectos en la protección y recuperación de un solo recurso.Es lógico pensar que la industria luego de cinco años limitada para capturar este recurso, intensifique sus esfuerzos para retornar al mercado que dejaría libre durante el periodo que se la pesquería se recupera.
Hoy no sólo la merluza está teniendo problemas debido a la pesca de arrastre, otras especies también presentan signos de colapso, como el Jurel, Congrio y las merluzas de cola y de sur. Por eso la demanda artesanal es una restricción total de los artes poco selectivos como es el arrastre.
Cuando no se hace lo que se dice.
Es cosa de rebobinar hasta el tres de octubre, cuando en la cámara de diputados se realizó la sesión especial que analizó la crisis social generada por la escasez de merluza. La conclusión parlamentaria fue transversal. Diputados de diferentes partidos admitieron que la crisis de este recurso se debía a una sobre pesca y en concreto a la utilización de artes de pesca de arrastre.
çPor ese motivo, aprobaron unánimemente la creación de un proyecto que eliminara este mecanismo. Sin embargo, en buen chileno a la hora de la verdad, los mismos que reclamaban este proyecto, no firmaron la iniciativa que el diputado Alinco junto a pescadores artesanales ingresó a la cámara el siete de noviembre.
Ese es el caso principalmente de parlamentarios de derecha y representantes de
Es por eso, para dejar de debatir sobre lo casi lógico, luego de conocer tantas evidencias científicas y empíricas, estas ultimas emanadas del conocimiento de los propios pescadores, la comunidad costera de todo el país, espera que el 15 de marzo la respuesta del gobierno asuma la protección de los recursos, lo cual debería contemplar una pesca sustentable y perdurable en el tiempo, la cual sólo será posible con otras reglas del juego. Donde pescadores artesanales e industriales puedan acceder a los recursos con mecanismos similares.
El 2005, Samuel Venegas afirmaba que “la merluza hoy corre riesgo inminente de extinción; actualmente se permite extraer casi un tercio de la biomasa que dice el referente técnico, y el ciclo de madurez de esta especie es de cuatro años. Vale decir, de aquí al próximo año no hay posibilidad de regeneración”.Las palabras del parlamentario no eran exageradas, ya que la realidad de hoy, demuestra lo vaticinado, y luego de diferentes subsecretarios en el cargo la iniciativa que elaboró con sus colegas naufragó. Desde esos años la autoridad administrativa y política a dado la espalda, hasta el momento, a medidas que solucionen el problema de fondo.
Por el contrario, luego de la última reunión del Consejo Nacional de Pesca, donde las cuotas otorgadas en algunos recursos en estado crítico fueron superiores a lo recomendable para su conservación, expresa una evidente falta de voluntad y madurez política para dar solución a lo que anda mal, sin importar que eso afecte en alguna medida a las grandes empresas de este país.








